En el banquillo, sin público en las gradas y con una derrota que priva a España de luchar por la medalla olímpica. Así se cerró la etapa del mejor jugador español de la historia. La etapa de Pau Gasol.

Es complicado encontrar un deportista que genere tanta admiración, devoción y respeto como él. Puedes ser o no un gran seguidor del baloncesto pero su figura ponía de acuerdo a todos.

Echas la vista atrás y los recuerdos son innumerables. Esa lesión ante Argentina en las semifinales del Mundial de 2006, esa canasta fallida contra Rusia en 2007 que valía un EuroBasket, esa imagen de todo el equipo de Estados Unidos consolándole tras la final de los JJOO de Londres 2012, esa exhibición de 40 puntos ante Francia en el Eurobasket 2015 y tantos otros momentos.

Gracias a él y a una generación irrepetible formada por los Juan Carlos Navarro, Marc Gasol, Jorge Garbajosa, Felipe Reyes, José Manuel Calderón, Rudy Fernández o Ricky Rubio, la denominada ÑBA ha logrado que lo que antes se catalogaba como hito resultaba, verano tras verano, casi una obligación. Desde el debut de Gasol en 2001, prácticamente cada año se ha añadido una medalla al palmarés del combinado nacional. Dos platas olímpicas, un bronce olímpico, dos Mundiales y tres EuroBaskets son algunos de los logros.

No hay un manual para las despedidas pero la de hoy es una demasiado amarga para la excelsa trayectoria de Pau. Un jugador que trasciende del baloncesto. No obstante, conviene resaltar el hecho de que ha podido despedirse de corto a pesar de lo castigado que ha estado por las lesiones en este tramo final de su carrera.

El sentimiento de nostalgia nos empieza a invadir. Pasarán los años y será imposible olvidar todo lo vivido.

Pau, gracias por todo. Nos hiciste madrugar, trasnochar pero, por encima de todo, soñar. Tu legado será eterno.