Lo tuvimos muy cerca pero no pudo ser. El estadio de La Cartuja fue testigo de la derrota del Valencia en la final de la Copa del Rey.

Es difícil encontrar las palabras. Ver a tu equipo perder una final en directo es duro. Verle perder en penaltis es algo diferente. Una sensación tan amarga y cruel que cuesta hallar la manera de describirlo.

El Valencia, contra todo pronóstico en un club que desde hace 3 años busca encontrar un rumbo, se clasificó para la final hace dos meses y ayer peleó hasta el último instante por el título.

El inicio de partido no generaba motivos para el optimismo. El Betis se vio por delante en el marcador en los compases iniciales. Los siguientes veinte minutos fueron un monólogo bético y costaba generar peligro. No obstante, Hugo Duro, con un golazo de bella factura, devolvió el optimismo a la grada naranja de La Cartuja.

Luego, el tiempo reglamentario y la prórroga dieron lugar a ocasiones para ambos, sin el acierto necesario para cambiar el marcador.

¿Y, qué decir de los penaltis? La suerte, una vez más, volvió a serle esquiva al Valencia. A pesar de verse en todo momento por delante en la tanda, el fallo de Yunus Musah fue decisivo.

El ambiente fue espléndido. La afición che no dejó de animar y trató de llevar en volandas al equipo. Vivir el partido rodeado de amigos valencianistas resultó algo único. Compartidas, las alegrías son dobles y, por qué no decirlo, los sinsabores resultan ser la mitad.

Presenciar una final del Valencia en directo era algo muy pendiente pero ahora hay una espinita clavada que, sólo con el tiempo y sobre todo consiguiendo ver al capitán del Valencia, ojalá Gayà, levantar un trofeo, desaparecerá.

Porque sí, volveremos. El murciélago siempre acaba remontando el vuelo. Y, nosotros, ahí estaremos expectantes por disfrutar de noches como la de ayer pero con la salvedad de poder salir del estadio con una sonrisa y, especialmente, un trofeo bajo el brazo.

¡AMUNT!