6-2, 7-6, 3-2 y 0-40 perdía Rafa Nadal frente a Daniil Medvedev en la final del Open de Australia. Las estadísticas le daban un porcentaje de éxito menor al 5%. Era algo imposible de remontar. Algo imposible para todos salvo para alguien. Para Rafa Nadal Parera.

Sin renunciar a seguir intentándolo y empeñado en demostrar que nunca hay que rendirse, Rafa consiguió ganar el tercer set para hacer ver a todos sus aficionados que había que seguir creyendo. Posteriormente, logró ganar, no sin tensión, los dos siguientes. De esta forma, además de salir victorioso en uno de los partidos más emocionantes de su carrera, se convierte con 21 títulos de Grand Slam, en el mejor tenista de la historia.

Después de claudicar en Roland Garros, en una misma temporada tuvo que renunciar a jugar Wimbledon, los Juegos Olímpicos y el US Open. La última vez que compitió en 2021 fue prácticamente cojo y con serias dificultades para poder desplazarse por la pista. Hace cuatro meses, tuvo que recurrir a las muletas después de recibir un tratamiento agresivo en su pie. En plena pretemporada, en más de una ocasión tuvo que dejar de entrenar por sus problemas físicos. Y, hace un mes, daba positivo por Covid.

Y sí, aunque ahora pueda parecer una quimera, la idea de retirarse, tal y como ha confirmado él mismo, llegó a ser una posibilidad real.

Por todo ello, verle compitiendo por otro título de Grand Slam, para los que le seguimos desde hace tanto, ya resultaba una victoria. Verle salir campeón es un logro indescriptible. Un ejemplo de, a partes iguales, motivación, resiliencia e instinto. Motivación porque todo lo que hace lo realiza dando el máximo de sí mismo sin importar el contexto. Resiliencia por tener el afán de volver a levantarse después de una caída más y por muchos obstáculos que presente el camino. E instinto por querer seguir ganando trofeos al más alto nivel y continuar engrosando un palmarés, ya desde hace mucho tiempo, de leyenda.

Recuerdo vibrar y disfrutar de partidos de Rafa en 2005. Han pasado 17 años y sus gestas continúan siendo una fuente de inspiración. Sus logros siguen teniendo aroma de propios y verle alzándose con otro título de Grand Slam para convertirse en el más laureado de la historia tenística es algo que no puede describirse con palabras.

Ojalá sigamos sin conocer nunca su límite. Lo que hoy hemos presenciado es único e inolvidable. Verle alzar los brazos en la pista Rod Laver Arena permanecerá en nuestro imaginario.

Gracias por tanto, Rafa.

Rafa Nadal siempre vuelve. SIEMPRE.