Lo admito. Nunca un jugador de la cantera del Valencia me había ilusionado tanto como Kangin Lee y, como consecuencia de ello, cuesta asumir su salida. Quemó sus etapas de formación a un ritmo vertiginoso, destacando siempre en categorías superiores a su edad. El Valencia tenía un diamante en bruto en sus filas y algunos le recibimos con mucha expectación.
Su aparición fulgurante trajo consigo la ficha de primer equipo a principios de 2019 tras su exhibición ante el Getafe en Copa del Rey. A partir de ahí, la gestión de su talento ha estado repleta de errores encandenados.
El futbolista, tan seguro como ha estado siempre de sus capacidades y tras un Mundial Sub20 sublime, se negó a marchar cedido el verano de 2019, a pesar de las recomendaciones de Marcelino. Tras la traumática salida del entrenador asturiano, Celades no acabó de apostar por el mediapunta, dando muestras de que un año a préstamo podría haber sido una gran solución a corto y medio plazo para su progresión.
La 2020/2021 parecía que sería diferente. Fruto de las innumerables bajas y de la situación de inestabilidad, era la temporada ideal para otorgarle el mando del equipo a Kang In. Tal era la intención de hacerle bandera, que se llegó a plantear darle el dorsal 10. Ajeno a todo ello, Javi Gracia, en un claro mensaje hacia la propiedad, optó por reducir al mínimo sus oportunidades y minutos. El que debía servir como su año de consagración ha sido el año en el que se ha devaluado su figura. El hecho de no gozar de cinco partidos seguidos para demostrar su valía ha sido una losa enorme.
Harto de promesas incumplidas y de ver que las palabras no se convertían después en hechos, el coreano no ha querido escuchar hablar de renovaciones. Eso ha desembocado en que afrontase este verano con un sólo año de contrato. Provocando una nula capacidad negociadora para el Valencia de cara al resto de clubes.
Hablamos de un jugador que con un destello te devuelve el valor doble de la entrada. La ilusión de verle en sus inicios fue tal que Mestalla ideó un cántico para que Marcelino le sacase más al campo. No olvidemos que, a pesar de que llevamos ya mucho tiempo oyendo su nombre, todavía tiene sólo 20 años y toda una carrera por delante.
Con su salida, el Valencia pierde a la mayor joya que ha salido de Paterna en muchos años. Sólo el tiempo, ese juez infalible, le otorgará la dimensión correcta pero es evidente que tarde o temprano llegarán los lamentos. Es incomprensible que, tal y como ocurrió hace 12 meses con Ferran Torres, se deje escapar a los talentos así.
Verle marchar de esta forma, con la ¡carta de libertad! y al Mallorca, era un final que no estaba en ningún guión. No se le ha explotado ni a nivel deportivo ni económico ni comercial. Un lujo que el Valencia actual no debía permitirse.
Desde aquí siempre nos quedará la espinita de no haber visto triunfar a Kangin Lee con la blanquinegra.
Uno vivirá con la eterna duda de cómo hubiera sido su periplo aquí con un contexto favorable y un plan trazado para explotar todas sus virtudes.
