El enemigo está en casa. El Valencia ha vendido, perdón, regalado, a Coquelin y Parejo al Villarreal por menos de 10 millones de euros. Coquelin, que es el jugador que mayor consenso ha generado entre el aficionado y que ha sido un ejemplo de entrega y compromiso y Parejo, portador durante años del brazalete e historia viva del club. Un Dani Parejo al que nunca se le he encontrado sustituto y cuyo perfil escasea y es muy caro en el mercado. Ningún club en su sano juicio malvendería a sus dos centrocampistas titulares a un rival directo. Error. Sólo hay uno. El Valencia CF.
Desde fuera nadie logra entenderlo porque es incomprensible. Uno por alrededor de 8 millones y otro con la carta de libertad. No existe justificación posible. Únicamente provoca mayor crispación en el ambiente porque la cifra es tan irrisoria que no soluciona nada. Se van dos de los jugadores más queridos por la afición. Las palabras lógica y coherencia hace tiempo que fueron erradicadas del diccionario Meriton. Ningunean al aficionado, malvenden a los jugadores, ignoran la historia del club y, sobre todo, juegan con un sentimiento.
A principios de mercado, mi lista de intransferibles era Gabriel Paulista, Gayà, Coquelin, Parejo, Ferran Torres y Kangin Lee. Por diversos motivos, me parecían los seis jugadores sobre los que realizar una reconstrucción. Ya han salido 3 de ellos y hasta que se cierre el mercado de fichajes, Meriton Holdings es capaz de cualquier cosa.
Es imposible encontrarle sentido a las decisiones de Peter Lim. No lo hay. No se rigen por méritos deportivos ni tampoco por réditos económicos. Está devaluando a marchas forzadas a una entidad que hace 14 meses se alzaba con un título. Con el agravante de haber perdido ya a tres de los líderes del vestuario, Garay, Coquelin y Parejo y a la perla de la cantera, Ferran Torres.
Resulta sintomático la sensación que se deprende del rumbo deportivo tomado. Esa sensación de no querer entender por parte de los que mandan que las malas decisiones son las que llevan al Valencia a deambular por duodécimos puestos con la consiguiente necesidad de recaudar dinero debilitando así la plantilla.
Para no perder costumbres todavía falta la llegada de Diogo Leite. Los casos de Danilo Barbosa, Felipe Augusto o Thierry Correia no han servido para nada. De él contarán que tiene mucha proyección y sólo será un muestra más de como ven Peter Lim y su socio, Jorge Mendes, al Valencia. Como un escaparate para comprar y vender. Muy alejado de lo que debería hacerse para crecer como club. Muy alejado de la pretensión de construir un equipo de fútbol. Con todas las letras y con todo lo que ello supone.
El despropósito es a nivel reputacional, deportivo, social y económico. Con operaciones como la consumada hoy, el Valencia manda un mensaje de que la pelotita no es lo más importante.
Lo peor es la sensación de desamparo que vive el valencianista. Aquí nadie sale a dar explicaciones. No las dieron cuando salieron Marcelino y Mateu Alemany ni las darán de la operación de venta al Villarreal. El club se está debilitando por momentos y el desapego que generan alcanza límites insospechados.
Insisto en lo que dije hace unas fechas. Peter Lim quiere seguir demostrando que los humanos, como los cangrejos, también pueden ir para atrás.
