Píntenlo como quieran. La gestión de la salida de Ferran Torres ha sido nefasta. Por parte del club y por parte del futbolista. Jamás puedes llegar al punto de tener a tu jugador con mayor proyección con un sólo año de contrato. La ausencia de rumbo y proyecto supone un escollo para querer quedarse pero Ferran era un jugador sobre el que edificar la reconstrucción del equipo. Él no parece haber puesto de su parte tampoco. Uno se acuerda de casos como el de Juan Mata, que sabiendo que se iría, optó por renovar (el famoso concepto de la renoventa) para que así el club ganase más dinero por su traspaso.

Suena a muy poco la cifra pagada por el Manchester City, que tiene dinero por castigo. A poquísimo. 25 millones unidos a la cifra de variables, los cuales no se sabe todavía si serán o no de fácil cumplimiento, resultan una cantidad exigua comparada con la que podría haber llegado a recibir el Valencia en caso de haberle tenido atado. Incluso, ante el hecho de ser pretendido por tantos clubes, se podría haber tratado de alargar más las negociaciones. Lo que parecía una realidad, por mucho que a algunos nos duela y mucho, es que su tiempo aquí se había agotado por la falta total de un modelo de gestión y por la falta de predisposición del jugador por renovar.

El Valencia tenía entre manos al jugador más importante a nivel nacional de su generación. A un extremo clásico, con lo que conlleva gozar de un perfil que escasea en el panorama futbolístico actual. Con sólo 20 años y un margen de mejora importante. Candidato a dar noches de gloria en clave Selección Española y sobre todo, con el aprendizaje que supondrá tener a Guardiola como entrenador. Lejos de hacerle sentirse importante y demostrarle una hoja de ruta para que quisiese seguir en el equipo que le ha formado, se ha permitido dejarle escapar a precio de saldo. Un error que sólo el tiempo le dará la magnitud que tiene.

Peter Lim llegó al Valencia en 2014. Llegó para liquidar la deuda, para construir el nuevo estadio, para codearse con los más grandes, para no tener que vender a los mejores jugadores. Seis años después todo han sido promesas incumplidas. Llámenlo Meriton Holdings. Un sinfín de decepciones.

A Ferran le veía el abanderado del equipo para una década. Aquí uno se había ilusionado con un Valencia compuesto por los Hugo Guillamón, Gayà, Carlos Soler, Ferran Torres o Kangin Lee. Una generación de canteranos con nivel para generar muchas alegrías al valencianismo. Ojalá sea la última fuga de talento.

El de Foios lo tenía todo para hacerse capitán y leyenda aquí. El club hizo una apuesta sin precedentes cuando todavía estaba en etapa juvenil y se le dió ficha de primer equipo. Fruto de ello, ha batido todos los récords de precocidad con la blanquinegra y se ha quedado a 3 partidos de ser centenario. No obstante, por la conjunción de tantos errores, ya nunca más vestirá esta camiseta ni será lo que algunos confiábamos que podría llegar a ser jugando como local en Mestalla.

Ferran Torres, lejos de seguir el ejemplo de José Luis Gayà que se ha cansado de rechazar ofertas estos años, ha abandonado el barco a las primeras de cambio. A veces me acuerdo de la mítica frase de Antonio Puchades. “El Madrid y el Barça me ofrecían el triple pero yo no quise. Quería jugar en mi Valencia”.