“La gestión de Peter Lim supone cada cierto tiempo volver a la casilla de salida y perder el tiempo recuperado”. Esta frase la escribí cuando se anunció la salida de Mateu Alemany. Ocho meses después, se ha confirmado lo que muchos esperábamos. Los objetivos marcados a principio de temporada no se han cumplido.

Desde que tengo uso de razón, he sido aficionado del Valencia. No recuerdo una temporada en la que haya alcanzado este nivel de desapego. Ni por asomo. La desafección generada por la propiedad no tiene precedentes. Y propongo el reto de encontrar algo peor para un equipo de fútbol que eso. Correcto, no lo hay.

El Valencia ha cerrado la 20/21 en la novena posición. Después de dos años seguidos consiguiendo una plaza de Champions, se ha alejado sobremanera de los puestos de privilegio. Lo que ello implica a corto plazo es vender a algunos de los jugadores más importantes con la consiguiente bajada de nivel de la plantilla y la dificultad extra que supondrá el querer volver al lugar donde la entidad debe, por historia y presupuesto, estar.

Estamos en un club donde el capitán, jugador en el top10 de partidos jugados en la historia, recibe antes de un partido la noticia de que se busque equipo. Donde el fichaje que más consenso ha generado en los últimos años y que fue el MVP sin discusión en la final de Copa, recibe la misma noticia. Donde tus dos canteranos con mayor proyección desde hace mucho tiempo, tienen un pie y medio fuera, uno por no haberle renovado a tiempo y el otro por ver que no hay ninguna hoja de ruta para que demuestre su potencial. Donde tu central con mayor jerarquía se va por la puerta de atrás y sin recibir oferta de renovación, tras haber sufrido una lesión de gravedad. Donde muchos de los que forman parte de la plantilla quieren salir porque no se ven identificados con la forma de proceder que hay.

También estamos ante un club donde el que representa a la institución es un presidente al que la afición del Valencia le ha mostrado en reiteradas ocasiones que no lo quiere. Y, lejos de enseñarle la puerta, se le otorga poder para hacer las veces de director deportivo.

Hay un dato que habla por sí solo. En las últimas 23 temporadas, únicamente en cuatro de ellas, el equipo del murciélago no se clasificó para Europa. Tres de esas veces fueron con Meriton al mando. Las tres donde la estructura brillaba por su ausencia. No es casualidad. Se llama causalidad.

Ayer se confirmó a Javi Gracia como nuevo inquilino del banquillo. Uno celebra que se haya huido de experimentos y se haya optado por traer a un entrenador con bagaje. Quizás con la incógnita de ver como se desenvuelve en estas exigencias pero con la garantía de que su forma de ver el juego y optar por ir desde atrás hacia delante, es la que ha funcionado aquí históricamente. Por ello, con el interrogante de saber como quedará la plantilla, le otorgo cierto crédito.

Marcelino dijo que únicamente los cangrejos iban para atrás. Para el que estas líneas escribe, no son sólo los cangrejos los que retroceden. Ojalá Peter Lim vuelva a apostar por la gente de fútbol y consiga darse cuenta que esa es la mejor forma de hacer negocio.