El Valencia está en crisis. La temporada del Centenario, que el valencianismo afrontaba con ilusión y muchas expectativas, no está siendo la esperada y la figura de Marcelino está en entredicho.
El principal mal endémico de este club es la estructura, o en este caso, la ausencia de ésta. Gran parte de la crítica hacia Marcelino va en relación a los fichajes y las ventas. La sensación es que el Valencia, cada vez que un entrenador gana 3 partidos, le da las llaves del club. No puede ser que el entrenador sea el que decida todo en materia deportiva. Pese a ser un muy buen entrenador, el mayor error es haberle otorgado excesivo poder, situación que ya se vivió con Nuno, cuya salida se precipitó por su poder de mando en los fichajes.
A Peter Lim, responsable de muchos errores en el pasado, no se le puede criticar con respecto al tema Marcelino. Decidió delegar las decisiones en la gente de fútbol y Mateu Alemany, con muy buen criterio, eligió a Marcelino. Que esta segunda campaña del Marcelinato no esté saliendo como se esperaba no quita, qué corta es a veces la memoria, las buenas sensaciones y guarismos de la temporada pasada. Nadie podía prever lo que está sucediendo.
El que estas líneas escribe era, hasta hace muy poco, reacio a la destitución de Marcelino García Toral. El equipo no dista tanto del que el año pasado quedó cuarto en la tabla pero con la salvedad de que la efectividad arriba ha desaparecido y, algo que muchas veces se nos olvida, los jugadores más importantes de la 17/18 (Kondogbia, Guedes y Rodrigo) están fuera de forma. Tenía clarísimo que sería capaz de enderezar el rumbo pero la mala imagen contra el Huesca pese a la victoria y, sobre todo, las distintas decisiones tomadas por el cuerpo técnico el día del Alavés empiezan a invalidar, por desgracia, casi todo tipo de argumentos a su favor.
Hay algunos que achacarán que se critique a Marcelino tanto por ser inmovilista por no cambiar su 1-4-4-2 como por, de repente, cambiarlo el pasado sábado. Craso error. La verdadera crítica es que el otro día, vistos los jugadores que había disponibles, el sistema más favorable no era el 1-3-5-2, donde muchos jugadores estaban lejos de su verdadera posición. Seguramente uno de los mayores defectos de Marcelino como entrenador sea el de las lecturas de partido puesto que sus cambios, la mayoría de veces tarde, no suelen mejorar el equipo y esa es una gran losa para un equipo que muchas veces va a remolque.
Más allá de la figura del entrenador, muchos de los jugadores se deberían dejar de escudar en su técnico. Pocos están rallando a su nivel y ellos también tienen gran parte de responsabilidad en que no se gane a casi nadie. Una plantilla que, aunque en ciertos momentos no se le ha sacado el máximo partido, está muy lejos de las esperanzas generadas en verano.
Se decida o no apostar por la continuidad de Marcelino, la primera decisión a tomar es, de una vez por todas, otorgar de una estructura sólida y fiable al club que no se vea expuesta cada vez que el banquillo no genera los resultados esperados. De esa forma, el Valencia empezará a crecer como entidad.
Publicado en SUPERDEPORTE el 8 de enero de 2019
