Confío en Marcelino. Confío en la plantilla. Confío en Mateu Alemany. Y confío en la propiedad porque Peter Lim fue hábil al delegar las decisiones en la gente de fútbol. La situación es muy delicada. Con una victoria en 11 partidos ligueros sobra mentar otros guarismos o estadísticas negativas.
La temporada pasada Marcelino llevó a la Champions a un equipo que encadenaba dos ligas quedando en la duodécima plaza. Supo plasmar su 4-4-2 en un equipo que fallaba poco arriba y que concedía aún menos atrás. Un juego que, con matices, era el que siempre ha triunfado en Mestalla. Las mejores versiones del Valencia históricamente han ido de la mano del contraataque y la solidez defensiva.
Sería de necios afirmar que, por las buenas sensaciones de la 17/18, Marcelino goza de un crédito ilimitado. Nada más lejos de la realidad. Al entrenador se le debe exigir el máximo pero yo sigo creyendo que puede revertir la situación. Las rotaciones, la gestión de minutos de los titularísimos, la ausencia de un plan B, la idea hermética de no alejarse de su 4-4-2, proponiendo siempre la variante desesperada de poner a delanteros en banda para acumular el máximo de arietes posible. Hay muchas cosas achacables al asturiano, sí, pero no es menos cierto que es una plantilla a su imagen y semejanza y aún le puede sacar (mucho) mayor rendimiento, especialmente en la parcela ofensiva.
Para el que estas líneas escribe, el logro del mercado estival fue retener la columna vertebral, añadiendo a ella un, a priori, buen fondo de armario. Guedes, Kondogbia y Rodrigo habían sido los nombres propios y era un reto que siguieran juntos un año más. Ninguno de los tres está a su nivel, ante lo cual supone menor sorpresa ver el paupérrimo bagaje actual pero, aunque hay que exigirles más, no se puede depender de 3 jugadores. Ha habido momentos como la segunda parte en el campo del Young Boys donde la desconexión era general y eso es lo que preocupa. Si el equipo genera como ante el Girona, las victorias llegarán.
La afición que, en agosto desbordaba ilusión y que, en noviembre sigue sin encontrar un diagnóstico convincente al porqué su equipo no gana a nadie, está mostrando muchísima paciencia. Admirable. Pero toda paciencia tiene un límite y está cada vez está llegando a mínimos menores.
Sólo hay cinco equipos por detrás en la clasificación. Las dos anteriores temporadas a Marcelino deben ser la excepción y jamás la regla. Echas la vista atrás y recuerdas esos momentos de tener que estar pendiente de los equipos de la zona de baja.
El objetivo del Valencia debe ser siempre quedar entre los cuatro primeros. Siempre. Todavía estamos a tiempo de cambiar la dinámica y encontrar un lugar en los puestos de privilegio de la Liga. Me niego a que una entidad que ha hecho un desembolso muy alto acabe aspirando a puestos de Europa League. Valencia, reacciona, estás a tiempo.
PD. Con éste artículo cumplo 100 artículos escritos en medios digitales. Nunca pensé que llegaría a esta triple cifra y, ojalá, aún queden muchos por delante.
Publicado en SUPERDEPORTE el 5 de noviembre de 2018
