Hace apenas una semana, Dani Parejo fue convocado por primera vez por el combinado nacional y salió ovacionado de Mestalla. Ayer logró, por fin, vestir la camiseta de España. Poesía para todo el Parejismo.
El jugador más en forma del Valencia, con permiso de Rodrigo, es Kondogbia, cierto. No es menos cierto que Parejo es su socio ideal. Muchas veces el español juega el rol de mediocentro posicional mientras Kondogbia hace gala de su exuberancia física para prodigarse en las inmediaciones del área rival. De ahí que sea el francés el acaparador de portadas.
El nivel del capitán, como el de tantos otros, deja en evidencia a los que mandan en el club. Tener la figura de un entrenador como Marcelino permite sacar la mejor versión de los futbolistas. Pseudoentrenadores como los de antaño lo dificultaban sobremanera. Eran incapaces de ver que, por poner un ejemplo, Rodrigo y Mina tenían que jugar lejos de la banda.
La llamada de Lopetegui es, por encima de todo, justa. Y quizás algo tardía. El mediocentro de Coslada lleva toda la temporada comandando el juego del cuarto clasificado de la Liga, demostrando que puede tener hueco en la Selección. Con la salvedad de Thiago, Parejo es el jugador cuyas características mejor se adecúan a las del “cerebro” que necesita la Roja. Viendo su poco protagonismo parece difícil que forme parte de la convocatoria final.
En clave valencianista, con Parejo siempre surge un debate. No tiene un recambio como tal y eso impide que tenga competencia directa. Longoria y Mateu Alemany, aunque puede que no haya Parejos baratos en el mercado, tienen la misión de encontrar otro “8” para el equipo. Tener un competidor por un puesto siempre provoca la mejoría global en la plantilla y le servirá para no bajar el nivel.
Una de las cosas de las que siempre se le ha acusado es de su anarquía. La realidad de las estadísticas indica que es uno de los máximos recuperadores de la competición y que raro es verle lesionado. Con confianza es un jugador muy bueno y sus números lo corroboran.
La capacidad del madrileño para cambiar los silbidos por los aplausos es digna de elogio. Su forma de jugar siempre ha provocado una división. Algunos anteponíamos su enorme calidad mientras otros le acusaban de falta de personalidad. Una personalidad que, brazalete mediante, ha adquirido. Aunque convendremos que en plantilla no hay un Ayala o un Carboni, Parejo es merecedor de la capitanía y es la imagen de Marcelino en el campo.
Parejo nunca se rindió y ahora es el 10 del Valencia y quien sabe si, en un futuro, también el de España.
Publicado en SUPERDEPORTE el 28 de marzo de 2018
