El Valencia ya tiene entrenador hasta, mínimo, 2019. Marcelino García-Toral, sexto técnico de la era Lim, es el elegido para enderezar el rumbo del proyecto de Meriton tras dos años paupérrimos. Dos temporadas consecutivas en las que se ha batido todo tipo de récords negativos y se ha luchado por el “objetivo” de la permanencia. Demasiado tiempo siendo objeto de burlas y memes.
Era el candidato preferido del aficionado. Se le veía el idóneo por currículum y sobre todo, estilo de juego. Los equipos del asturiano, caracterizado por cuidar todos los detalles, se basan en la unidad del bloque y en la riqueza táctica. En jugar más pragmático que preciosista. No hace falta incidir en el error que se hubiera cometido de haber apostado por un entrenador guardiolista, como Quique Setién. Sin la incidencia capital de Mateu Alemany en la decisión de elegir a Marcelino, probablemente, estaríamos hablando de un artículo distinto.
La temporada pasada, el Villarreal de Marcelino fue uno de los menos goleados del campeonato. En su paso por el conjunto de Castellón ha demostrado estar capacitado para reconducir situaciones complicadas, como la que sufrió el Villarreal con su descenso. Logró el ascenso con ellos y después les llevó al cuarto puesto. Algo similar se espera que ocurra ahora. El hecho que el Valencia sea el que más goles ha encajado, sólo por detrás de los tres de la zona de descenso y de las Palmas de Setién, es algo que no se puede consentir.
A la tercer va la vencida. Tras intentarlo en dos ocasiones, la última de ellas hace unos meses, se puede celebrar de forma oficial su llegada. La primera se enmarca en el mito del rechazo de Marcelino al Valencia en 2008. Nueve años más tarde, se ha descubierto en boca del vicepresidente deportivo de aquellos tiempos, Rafa Salom, en una entrevista en el Tribuna Deportiva de Radio Esport Valencia, que esa historia que se vendió es falsa. El por entonces técnico del Racing no dijo que no al club sino que fue Juan Soler el que optó por esperar más tiempo y no apostar firmemente por él, provocando que no se plasmase el acuerdo pactado días antes.
Desde hace unos años, me he formado una teoría. Prefiero invertir en un entrenador que en un jugador (o varios). Más vale una buena plantilla y un gran entrenador que una gran plantilla con un buen entrenador. El Valencia lleva muchos años pagando másters en su banquillo y era momento de dejarse de apuestas. Los técnicos de nivel son aquellos que sacan el máximo partido de sus jugadores haciéndoles rendir a un nivel que desconocían tener, que consiguen adaptarse a la plantilla que tienen, que logran tener más de once titulares en el equipo, convenciéndoles que su estilo de juego es el más beneficioso. Y sobre todo, suelen cumplir los objetivos. Marcelino, con su marcada exigencia, lo es.
Respecto al sistema de juego, su formación preferida es la de 4-4-2. Para poder llevarla a cabo se necesitará más de un extremo, posición que brilla por su ausencia en el vestuario actual. Futbolistas que abran en el campo y lleguen a línea de fondo. Dejar de jugar con segundos punta en banda puede ser un gran paso. Quizá donde haya más overbooking sea justo en esa posición de segundo delantero y es la más innecesaria para la obsesiva necesidad ché de jugar con 4-3-3. Por poner un ejemplo, con la teórica formación de Marcelino, Zaza dejaría de ser un ariete desasistido y tendría un acompañante cerca. Bien es cierto que este es un tema a tratar en otro momento mediante mayor lujo de detalles.
El protagonista es Marcelino García-Toral pero hay alguien que merece mención. Salvador González “Voro”. La insignia de oro y brillantes es lo mínimo para alguien que siempre ha antepuesto a su Valencia por encima de todo. Mr. Fuori abandonó sin previo aviso y él salvó al club de una situación límite. Que levante la mano el valencianista que no veía el peligro real del descenso tras aquel 3-3 contra el Osasuna en enero.
Con todo el verano por delante, es momento de ponerse manos a la obra para idear una plantilla capaz de hacernos olvidar esta mala dinámica. Como ya dije una vez, apostar por jugadores que en lugar de vivir obsesionados por coleccionar la camiseta de Barça o Madrid, después de caer derrotados contra éstos, den valor a la zamarra del murciélago.
Y para Marcelino, una petición. Devolvernos al sitio que nos merecemos y a ese Valencia bronco y copero. Volver a estar entre los cuatro primeros puestos debe ser innegociable. La ilusión por su elección es muy alta. A título anecdótico, celebro que no haya tenido que pasar la “revisión” de Lim en Singapur. Le toca demostrar que a la sexta va la vencida en el proyecto del VaLIMcia y de una vez por todas, tenemos un inquilino en el banquillo que dé un valor añadido a la entidad.
Marcelino, POR FIN, vino.
Publicado en SUPERDEPORTE el 11 de mayo de 2017
