Desde que Paco Alcácer nos dio la victoria ante el Almería y la posibilidad de conseguir un billete en agosto para poder disputar la Champions League, en el Valencia las buenas noticias brillan por su ausencia. Probablemente no haya habido ninguna desde aquella fecha de la que se cumple ya más de un mes.
Siendo el primer verano en el que Peter Lim es oficialmente el máximo dueño de la entidad, toda la afición esperaba fichajes. Las nuevas incorporaciones son al fin y al cabo lo que despierta la ilusión de la hinchada en la eterna espera por volver a ver rodar el balón.
Pues bien, nada más lejos de la realidad. En lugar de acometer los pocos retoques que necesitaba el equipo (portero, medio defensivo y extemo), que unidos a la base formada, hubiesen permitido soñar con un Valencia campeón, esto se ha convertido en un sinfín de problemas. Problemas tales como, la salida de tono del agente de Otamendi (el mejor jugador de la temporada y hasta hace poco, símbolo de la afición), donde mostraba el deseo de éste de marcharse, el fichaje y posterior no fichaje sorpresa de Caio o la dimisión de Rufete y Salvo, provocados estos dos últimos hechos fruto de la ausencia de definición de roles de los miembros que trabajan por y para el Valencia.
Mientras tanto, la afición, el activo más importante del club ché, se mantiene inquieta y descolocada. Resulta intrigante el rumbo que empieza a coger este proyecto con la marcha ya anunciada del manager general deportivo y el presidente ejecutivo en pleno verano y en un momento, donde han de tomarse decisiones de planificación (fichajes y ventas principalmente) y ante la espera, aunque sea un tema poco comentado, de contar por fin con un patrocinador. Todo indica que las decisiones deportivas dependerán principalmente de Nuno.
En poco más de 45 días, el Valencia se juega en la previa de Champions, mucho más que su pase a la máxima competición internacional. Una eliminación traería consigo muchas consecuencias, sobre todo, en el plano económico. Mientras tanto, aquí seguimos empeñados en guerras internas que no hacen sino que separar a los aficionados.
Resulta imperativo que se realice una comparecencia pública explicando pormenorizadamente qué está sucediendo estos días en el mundo valencianista. Confiemos en que Lim, junto con Mendes y Nuno, encuentre soluciones y nos haga seguir soñado con el Valencia que deseamos todos, un equipo similar a ese que tuvimos a comienzos del siglo XXI.
Publicado en SUPERDEPORTE el 30 de junio de 2015
